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Participación en el foro de análisis "el secuestro a migrantes en México
DEL SECUESTRO INVISIBLE A LA NECESIDAD DE HUMANIZAR LA MIGRACIÓN
“…Hace unos días, en una casa del migrante, recibimos el testimonio de un centroamericano, quien vivió la pesadilla de ser torturado, sus captores pusieron ácido sobre sus genitales y manos para obligarlo a revelar los teléfonos de su familia…”
Testimonio de un agente de la pastoral migratoria
DISTINGUIDOS SENADORES, EMBAJADORES, MIEMBROS DEL PRESÍDIUM, SEÑORAS Y SEÑORES:
Estamos en un pueblo de fantasmas, todo ocurre en dos planos de la realidad; mientras los mexicanos visibles experimentan la crisis económica y ven que la guerra al narcotráfico se publicita a ocho columnas, los invisibles caminan al lado de las vías, son golpeados y secuestrados por otros misteriosos invisibles. En ocasiones hay otros mexicanos visibles que son parte del Estado como agentes de migración, policías federales, estatales y municipales a quienes se les permite ser invisibles para cometer sus fechorías.
¿Qué se puede hacer por los maltratados? ¿Quién pregunta por los invisibles? Como en la novela de Juan Rulfo, el más interesado es Pedro Páramo, quien resulta ser otro muerto. Los secuestradores y asesinos invisibles los buscan para hacer negocio, para atrapar a hombres y mujeres que vienen huyendo del hambre y la guerra que asuelan territorios no muy lejanos. Sin embargo, hay otros que trabajan para hacer visibles a las personas migrantes, estos atienden casas de migrantes, proporcionan ayuda en las vías; son hombres y mujeres que comprenden el dolor humano, algunos son Obispos, sacerdotes, religiosas, la mayoría laicos. Hablo en nombre de ellos y de la “Dimensión Pastoral de la Movilidad Humana”.
Los migrantes centroamericanos han vivido angustiados por la pobreza estructural e histórica, la mayoría de ideólogos del sistema lo acepta, pero no la comprende. ¿Qué tan grande es el sufrimiento para aceptar la incertidumbre de un viaje tan peligroso?
Los migrantes al pasar las fronteras del sureste mexicano van palpando la sutil red tejida por la delincuencia organizada
Si ingresan por la frontera de Chiapas, en Tapachula inicia el recorrido, caminan 300 kms hasta llegar a Arriaga, ahí, a un lado de la garita migratoria de La Arrocera les roban hombres con machetes y, a veces, con pistolas. Si este trayecto lo realizan en transporte público es probable que tengan que dar dinero a los agentes de migración para que los dejen seguir.
Al continuar su camino, de Arriaga a Ixtepec, Oaxaca, tomarán el tren, donde los garroteros les cobran unos doscientos pesos y sólo así los dejará subir el maquinista. En Ixtepec hay secuestradores, que se presentan como zetas, rondando por las vías.
Si ingresan por la frontera de Tabasco, en Tenosique no se puede confiar en nadie que ofrezca un lugar para descansar o comer porque en lugar de recibir ayuda corren el riesgo de ser secuestrados.
En el trayecto a Coatzacoalcos, el tren seguramente parará con cuatro opciones:
La primera razón es que los maquinistas decidan cobrar más;
La segunda los ladrones ascenderán y habrá disparos y tal vez algún muerto;
La tercera opción es el retén de Migración que los obligará a salir corriendo entre los potreros y pantanos en donde pueden perder la vida;
La cuarta opción, la más frecuente, la delincuencia organizada parará el tren, bajarán a los migrantes y los llevarán secuestrados en sus camionetas.
Al llegar a Coatzacoalcos, Veracruz los migrantes encuentran a una señora a quien llaman “la Madre”, que se hace pasar como una buena mujer, pero en realidad es una secuestradora. Ahí, los policías municipales suelen trabajar para los secuestradores.
En Medias Aguas, Veracruz, es en donde se unen los migrantes que vienen de Tabasco y de Chiapas. Un lugar estratégico y peligroso, en el que los delincuentes llegan armados en sus camionetas para secuestrarlos; y como tienen atemorizado a todo el pueblo, incluso a las autoridades, no habrá nadie que los proteja. Finalmente para salir de Veracruz deberán transitar por Tierra Blanca y Orizaba las cuales son tierras donde actúan también los secuestradores.
En Lechería, Celaya, Escobedo, San Luis Potosí y Saltillo los policías municipales y los garroteros seguramente intentarán extorsionarlos para permitirles continuar su camino. Además en estos lugares se repiten las mismas trampas, abusos, violaciones y engaños.
Al llegar a las ciudades fronterizas de Reynosa, Nuevo Laredo, Piedras Negras o Matamoros, nada cambia, los delincuentes acechan a los migrantes que se acercan al río para golpearlos o secuestrarlos.
La ruta de los migrantes es un camino donde se va quedando la sangre, el dinero y la dignidad de los migrantes. Las atrocidades se repiten impunemente a lo largo de la frontera vertical y la pesadilla se acentúa cuando son los mismos servidores públicos quienes extorsionan, secuestran y persiguen. No en pocas ocasiones se ha encontrado que los operativos de Migración dejan accidentados en las vías del tren o ahogados en los pantanos.
Un hombre da su testimonio:
“El veinticuatro de diciembre, cuando pasaba por Coatzacoalcos, Veracruz, fui secuestrado por los Zetas… Éramos aproximadamente sesenta y cuatro personas y eran pocas camionetas, así que nos acostaron a unos encima de otros… En un principio nos podíamos parar o sentar cuando ellos nos decían, pero después solamente teníamos nuestro lugar y ahí teníamos que estar sin podernos mover día y noche. Estuve dieciocho días secuestrado. Cada tres días nos daban tablazos en los glúteos, para que les diéramos los teléfonos de nuestra familia… En el tiempo que estuve encerrado nos desnudaron en varias ocasiones, aproximadamente ocho… Las mujeres lloraban mucho y les suplicaban que no, pero eran órdenes que se cumplían… a todas ellas las abusaron… a una muchacha muy bonita la usaban todos los días; una vez pasaron todos los secuestradores, eran unos catorce… Todos los días nos amenazaban, nos decían que nos iban a cortar un brazo o que nos iban a quemar… un día pararon a uno y lo cumplieron…
Poco a poco nos vamos enterando de las torturas infringidas para sacar los nombres de los familiares a quienes hay que extorsionar. Pueden ser golpeados con tablas de madera sobre las zonas del cuerpo más débiles, o golpeados hasta sangrar, ser quemados con cigarro, asfixiados con bolsas de plástico o violadas de manera tumultuaria.
Hay migrantes que no tienen a nadie que pague por ellos, así que pueden durar cautivos durante semanas y meses, hasta que la muerte los alcanza lentamente: con sus huesos quebrados, desnutridos, desahuciados. ¿De qué tamaño es la ambición de quien se aprovecha? Se trata de los ejercicios más horribles de tortura; estamos en la escuela de la barbarie.
Es impensable el crimen organizado sin la complicidad de todo tipo de policías y la impunidad es posible sólo porque se protege desde arriba, con acciones y omisiones. Resulta estremecedora la rapidez con que la mafia se infiltró en toda la ruta del tren, no sólo por su eficacia operativa, sino por la corrupción e impunidad que imperan en el país.
¿Debemos hacer algo para terminar con esta impunidad?
¿Cómo nos pueden exigir a la sociedad que denunciemos si los migrantes nos aseguran que las policías de los tres niveles de gobierno los entregan a los secuestradores?
Queremos denunciar los secuestros, porque con ellos se halla en riesgo el mismo futuro de México, pues el secuestro de migrantes es el producto más acabado, terrible y descompuesto de la violencia social en la que vivimos. Si no acabamos con esta situación, los secuestradores podrán terminar con nuestra esperanza y con los hijos de este país.
Nuestro miedo es grande porque sabemos que podemos perder la vida, ¿pero cómo no hacer un llamado a la sociedad si los sufrimientos no tienen límite? Nuestra búsqueda de justicia es tan grande como el dolor de aquellos migrantes que no pudieron pagar con dinero y a cambio se quedaron con un órgano extirpado. Nuestra participación añora ser tan activa como el sufrimiento infringido en las torturas.
También es cierto que muchos han aprendido a callar y esperar el olvido. Pero qué disyuntiva tan más maldita: si endureces el corazón y cierras los ojos a las víctimas, la crueldad crece como un cáncer, pero si trabajas sin usura y amas con paciencia te podrán llamar asesino o protector de delincuentes.
Esto le sucedió a la casa del migrante en Saltillo hace un mes, el Congreso de Coahuila hizo una “atenta solicitud” de regular las casas del migrante, aunque ahí no está lo grave, sino en el odio que alienta tal solicitud, en la generalización que afirma como asesinos y delincuentes a las personas migrantes. Rechazamos cualquier ataque que criminalice la migración y el trabajo humanitario del Albergue Belén, Posada del Migrante, en Saltillo y las otras 53 instituciones que acogen a los migrantes. Un razonamiento de esta naturaleza, sólo aumenta la criminalización hacia nuestro trabajo y radicaliza las expresiones de xenofobia en grupos de la sociedad mexicana proclives a ésta.
Creemos que los migrantes no denuncian ni exigen sus derechos, no porque no quieran, sino porque no pueden. La CNDH afirma en su informe sobre el tema que hoy nos convoca: “El Estado no está cumpliendo su obligación fundamental de proteger la vida y la libertad de las personas, así como sus bienes y posesiones”.
Por esto, hemos alzado la voz para sacudir la apatía a través de instancias internacionales como el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, los Relatores Especiales sobre los derechos humanos de los migrantes; instancias nacionales como la CNDH en la creación del “Informe Especial sobre los Casos de Secuestro en contra de migrantes”; y acciones de sensibilización con diferentes actores que han dado como resultado el reconocimiento del delito de secuestro de migrantes en diferentes foros.
Asimismo, hemos visto a otros actores que han asimilado la gravedad de la situación, como el Senado de la República que aprobó por unanimidad la reforma al artículo 67 de la Ley General de Población, la cual aunque con limitaciones ha mostrado un interés sobre el tema. Ahora le tocará a la Cámara de Diputados la discusión de este tema.
No obstante, vemos con preocupación que los demás sujetos que se relacionan con las dinámicas del secuestro de las personas migrantes se mantienen en una apatía total o en un reconocimiento sin ejecución.
- El Poder Ejecutivo, que ha reconocido en varios foros la existencia de este delito pero no ha realizado acciones que lo prevengan e investiguen.
- El poder Judicial no ha castigado a los miembros de las bandas que secuestran a los migrantes.
- Además, nos sorprende la necedad del Instituto Nacional de Migración de impedir a las víctimas de secuestro el derecho a regularizar su situación migratoria y cuando lo reconoce les cobra una multa, a pesar de que en algunos casos las víctimas ya han pagado a los secuestradores por su libertad. Así mismo el Estado mexicano no ha realizado acciones encaminadas a resarcir el daño a las víctimas.
- Las empresas o bancos que transfieren las remesas de los migrantes intervienen de manera regular en este ilícito y aseguran el éxito económico de los secuestradores. Por esto es necesario revisar cuáles son los huecos legales que aprovechan estas empresas, para poder regularlas.
- Las empresas ferroviarias que permiten que sus trabajadores detengan los trenes para que los migrantes sean secuestrados, extorsionados o agraviados directamente por ellos.
- A la Cámara de Senadores, les pedimos incluya el secuestro de migrantes en la nueva propuesta de Ley Antisecuestros.
Finalmente aspiramos, que los migrantes no vuelvan a ser invisibles, que no sean fantasmas que denuncien nuestros crímenes. Por eso tenemos la esperanza que este foro sirva para adecuar las disposiciones legislativas en materia migratoria y de seguridad pública a los estándares mínimos internacionales de derechos humanos, que afecten a las personas migrantes víctimas o testigos del secuestro, y que tome medidas para exigir la prevención e investigación al poder Ejecutivo y el castigo al poder Judicial.
