Introducción
Las inundaciones en Tabasco comenzaron el 28 de octubre de 2007 con el mensaje del Gobernador Andrés Granier Melo. Ahí está, sentado frente a la cámara con la mirada perdida unas veces en el horizonte y otras leyendo el discurso que le han escrito. Su semblante muestra preocupación quizá porque sabe lo que vendrá en los próximos días, ¿el desfogue de la presa Peñitas? ¿o el no saber qué hacer? Mueve constantemente el brazo izquierdo con lentitud y pesadez, tieso frente a la cámara y sin mostrar autoridad da las noticias que al tabasqueño de a pie no alteran: vendrá un frente frío y habrá lluvias intensas. ¿Cuál es la novedad en estas noticias? ¿Por qué declarar estado de emergencia? ¿Acaso esta vez el tapanco y el cayuco no serían suficientes?
A partir de aquel momento el gobierno del estado de Tabasco se vio rebasado en su trabajo; la desgracia no tenía comparación con otras experiencias locales, incluso sabemos ahora que es una de las principales tragedias, de nuestro país en los años recientes. La desgracia no terminó en ese momento amargo, ni durante el mes de noviembre del 2007, las inundaciones estuvieron presentes en todo el año, es decir, hasta octubre del 2008. Desde entonces hemos oído hablar de presas, turbinaciones, presupuestos no ejercidos, lluvias atípicas y una serie de términos que han pasado a formar parte del vocabulario cotidiano de los tabasqueños. Es por esto que se hace necesario comprender lo que pasó y darle voz a aquellos que fueron ignorados durante las inundaciones para tratar de reconstruir lo que aconteció entre noviembre del 2007 y octubre del 2008 en Tabasco, y plantear así una gama más rica de versiones y experiencias. Nuestro objetivo además, es reseñar las causas y consecuencias del desastre y promover así la prevención por medio de la denuncia.
La experiencia de cada tabasqueño es singular, no podría ser de otra manera y por ello es necesario rescatar las diversas voces más allá de la indignación general, en particular de los campesinos que han sido constantemente ignorados. Es necesario escuchar las historias particulares porque en cada cifra hay personas. Este ejercicio nos permite luchar contra la intención del olvido y disponer de bases para exigir mayor eficacia en el manejo de las presas, de los recursos federales y estatales destinados a la prevención de inundaciones.
Primero es necesario reconocer que los cambios climáticos son en su mayoría consecuencia de las decisiones humanas, y que la modificación de nuestro hábitat nos ha perjudicado. No podemos echarle la culpa a la naturaleza por lo que hemos hecho y dejado de hacer.
Ante el constante temor, la ansiedad y la incertidumbre es necesario un espacio para la reflexión lúcida y arremeter con la urgencia de actuar. 

Todo ha perdido ya su jerarquía.
Estoy lleno de nada y bajo el puente
tan sólo el lodazal, la malviviente
ruina del agua y de su platería.
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