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EL MIGRANTE EN LA HISTORIA Y LA CULTURA ACTUAL

(Primer domingo de septiembre, día del migrante fijado por la iglesia católica)

El mundo ha cambiado increíblemente durante los últimos cinco milenios. Y la migración ha jugado un papel muy importante en este cambio. En nuestros días, como también en momentos del pasado, migrar es un medio para sobrevivir.

Hoy los países del primer mundo son quienes reciben el mayor número de migrantes de los países pobres. Al flujo de migrantes corresponden con políticas violentas que seleccionan a los hombres y mujeres más capaces o que tuvieron mejor suerte. Su estrategia consiste en poner pruebas que proporcionen los mejores hombres para sus negocios. Y así es que deciden sobre la vida de los pobres El prejuicio antimigratorio se genera, consolida y justifica mediante rumores, consignas y hasta órdenes donde se acusa al extranjero de provocar efectos negativos o de portar virtudes siniestras, sobre todo en momentos de crisis económicas o sociales.

Mientras tanto, en la historia, la presencia de Dios se manifiesta en el tren, el recorrido por el desierto, la persecución de los agentes de migración, los días de hambre y los amigos en el viaje. Dios sigue con ellos en el camino: en sus sufrimientos, en sus logros en su identidad y en el recuerdo de su familia.

Las múltiples migraciones en la Biblia , como en nuestro país, son una alternativa humana ante la imposibilidad de la vida en los lugares de origen; es también la resistencia a modelos establecidos por los poderosos que controlan el poder. Los migrantes se han visto obligados a tener que arriesgarse ante un futuro incierto. Una pareja de galileos con su bebé en brazos en una tierra distinta, nos muestra el horror que significa perder la vida en manos de la ambición y el poder. Los peregrinos siguen la mejor ruta para el futuro de sus seres amados. La narración de la multitud migrante con sus experiencias de angustia, los instantes del Paraíso y su recorrido por aldeas y rostros desconocidos será la posibilidad de encontrar la humanidad perdida. Esta resistencia tenaz ha traído esperanza a las generaciones futuras.

La migración es una oportunidad de solidarizarnos con nuestros hermanos que más sufren. Podemos recordarle sus fiestas, pedirle que no olvide el olor de su tierra, tampoco a su familia, ni a sus sueños.

Buscamos trasformar la situación de muerte y ruindad que se está produciendo en la migración. La Iglesia católica ha pronunciado una palabra importante expresada en documentos que exhorta e incluso manda a buscar nuevos modelos de acompañamiento al migrante. Con estos textos nos recuerda el llamado a ser “una Iglesia peregrina”, que esté donde los cristianos se encuentren.

La Iglesia se experimenta impelida a impulsar caminos de acción y es por eso que con el día del migrante se nos ofrece la posibilidad de expresarnos por la defensa de nuestros hermanos migrantes.

La migración, sufrimiento humano

La equidad social, la conservación del medio ambiente y las migraciones internacionales constituyen las preocupaciones de nuestro tiempo. La migración, como un fantasma se encuentra presente en la comunidad más pequeña y en las grandes capitales del mundo.

Es preciso decir una palabra como testigos de los hombres y mujeres que se han tenido que ir o atraviesan nuestro país.

El aporte teológico tiene que partir siempre de lo concreto. Los flujos migratorios han sido tan diferentes, como la humanidad misma. Para los mexicanos nuestra referencia son nuestros hermanos que viven y trabajan en EUA; también existe otro flujo que nos duele: los migrantes principalmente centroamericanos que atraviesan la frontera vertical de casi dos mil kilómetros que es todo el territorio nacional para alcanzar el sueño americano. Otro más, es el de la migración interna: del campo a la ciudad o los jornaleros indígenas. Así, en la reflexión eclesial se deben tomar en cuenta los distintos flujos migratorios que afectan a nuestro país.

No habrá libertad humana si las fronteras no logran transformarse de barreras a espacios de convergencia e integración. En un contexto de libre mercado, resulta paradójico que no haya libre circulación de personas, pero sí de capitales; tal vez, nunca en la historia los seres humanos encontraron más dificultades para ir de un lugar a otro.

 

Acercamiento a la migración y a los migrantes

Las migraciones han sido parte de los fenómenos más normales de la historia de la humanidad, por ejemplo, los egipcios establecieron migraciones forzadas como reserva de mano de obra para sus obras faraonicas. En los últimos siglos, la lógica de la ocupación territorial constituyó la base de grandes movimientos desde la metrópolis hacia las colonias. Los flujos provenientes de los países subdesarrollados no proliferan al azar. Rastrean conexiones bien establecidas, cuyas raíces se encuentran en el colonialismo, la guerra, la ocupación militar, el reclutamiento laboral y la penetración económica.

En los años treinta del siglo pasado, inició la lógica de la protección de la mano de obra nacional frente a la competitividad de la inmigración extranjera, pero es cumplida en la política de los gobiernos a partir de los años `80. En los `90 se incrementó esta perspectiva desde el angulo de la seguridad.

La imagen negativa de la migración la describió magistralmente Foucault al relacionarlo con el “bárbaro” que merodea los extramuros, llega y se instala sin ser deseado, penetra social o culturalmente y conquista en lugar de dejarse conquistar. Se trata de la imagen xenofóbica, que ve al extranjero como un ser inferior de la peor calaña que roba los servicios de salud, educación y vivienda. Afirma Michel de Certeau, “El extranjero es el portador del estigma visible de la diferencia, pues lleva las marcas de una lengua, de una tradición, de usos, de gustos y comportamientos que no resultan familiares. El aprende a circular en nuestra lengua y nuestras costumbres de vida, se adapta a nuestro universo material y simbólico” .

El término migración tiene connotaciones muy distintas según la disciplina que se encargue de estudiarla. Algunos autores consideran que es un cambio permanente de residencia, donde se vive en otro marco sociocultural, por cuestiones económicas e individuales que buscan mejores condiciones de vida. Y como proceso implica la redistribución de la población dentro del contexto de una sociedad global caracterizada por una determinada estructura productiva. Los matices y los acentos suelen ser distintos. De esta definición destaco que el migrante se ve forzado a vivir en otro marco sociocultural.

 

Las migraciones internacionales, ¿Orden o desorden mundial?

Los analistas consideran que las causas de este fenómeno son: el rápido crecimiento demográfico, el constante deterioro del medio ambiente, el descenso del nivel económico y social, y la eclosión de conflictos expulsores de población; otros puntos a considerar son la marginación sistemática o violenta de las poblaciones minoritarias, el evento de la globalización y el aumento profundo de la desigualdad entre Norte y Sur del mundo.

En el mundo hay alrededor de entre 150 y 200 millones de personas que viven en un país distinto al de su origen. 20 millones fueron expulsados por el deterioro del medio ambiente y 12 millones se encuentran en calidad de refugiados. Y debido al crecimiento demográfico, se prevé que aumente la migración.

 

Paradigmas en la migracion

En este contexto donde es necesaria la movilidad del capital y del producto, el trabajo resulta en desventaja y es permitida una migración selectiva. El capital se dice, no tiene patria; en cambio, para quienes trabajan las fronteras controlan el precio de su producto. Es por eso necesario visualizar las diferencias entre los migrantes, pues como veremos mientras a unos se les cierra la puerta, a los pocos se les ofrecen las facilidades.

El primer paradigma es el que ocupa el mayor espacio en las estadísticas. Se encuentra formado por pobres, desempleados y en gran medida excluidos de los mercados de trabajo u oferta laboral. Tienen a acceso a sectores informales o más precarios de las economías de las sociedades receptoras. Ellos son las víctimas de la miseria y del prejuicio de las sociedades pretendidamente multiculturales. La existencia de estas migraciones es la muestra de “desequilibrios macroeconómicos” cada vez más agudizados por un modelo que ha logrado el crecimiento sin un desarrollo social equitativo, ni entre los países, ni dentro de ellos. Así planteada la realidad, solo les queda la migración o la economía informal en su propio país.

El segundo paradigma es el de menor referencia cuantitativa y se da por posición social o vinculación laboral. Se trata de cuadros técnicos y profesionales que se movilizan en forma cada vez más fluida. Es la migración selectiva, permitida y auspiciada por las grandes empresas multinacionales en las que trabajan. Ejecutivos, tecnicos especializados, expertos, consultores de todo tipo, constituyen esta nueva y creciente población en movimiento que pone en cuestión el mismo concepto de migración. Son a la vez producto de la reestructuración económica de la sociedad postindustrial y exponentes netos de la cultura global que la acompaña.

El tercer paradigma lo conforman los migrantes víctimas del autoritarismo, también llamados refugiados. Se encuentran forzados por causas políticas o luchas étnico-tribales. Suelen ser tan pobres como el primer grupo.

Cambios recientes en la migración:

Salvo algunos casos especiales de países recientemente devenidos de “inmigracion” (por ejemplo España, Italia, Grecia, Japón), o de “emigración” (como algunos países del este europeo o sudamericanos), los grandes movimientos de población que observamos hoy son análogos a los que han venido dándose en largos procesos desde hace varias décadas. Sin embargo sigue habiendo más españoles residentes en el extranjero (1.6 millones, de los cuales el 53% está en América Latina y el 45% en Europa) que extranjeros residentes en España, que alcanzan a 1.25 millones. Por otro lado vemos el aumento de países que se encuentran implicados en la inmigración y la emigración.

 

Paises emisores de migrantes

Paises receptores

Paises emisores y receptores

1970

29

39

4

1990

55

67

15

Las principales corrientes migratorias internacionales han sido y siguen siendo hacia Los Estados Unidos, Canadá, los países árabes productores de petróleo, Inglaterra, Holanda, Alemania, Francia, Bélgica, Suiza, Australia y la República sudafricana. Mientras que los destinos eran previsibles hace 20 años, los flujos están conformando un nuevo panorama.

La preocupación de los países desarrollados resulta paradójica: hoy los migrantes internacionales son cuantitativamente sólo el doble que hace un siglo, mientras que, en el mismo lapso, la población mundial se ha triplicado. Estos países argumentan que los migrantes están incrementando la desocupación y saturando los servicios públicos, de salud y educación de los países receptores. Sin embargo los estudios al respecto no coinciden con esta hipótesis, incluso se ha demostrado lo contrario: el aporte en general de los migrantes es superior al uso que hacen de los servicios; y no constituyen competencia para los nativos. Los inmigrantes aumentan la oferta de trabajo y contribuyen a la producción de nuevos bienes y servicios. Y como reciben salarios inferiores al valor total de bienes y servicios, los trabajadores locales en su conjunto salen beneficiados. Las migraciones se han vuelto indeseables en términos políticos y atractivas para los mercados de trabajo informales y, por esa razón estan condenadas a la ilegalidad. El “estado de ilegalidad” con el que clasifican a los migrantes tiene el objetivo de controlar los salarios de los migrantes, así como darse el lujo de elegir a quienes contratan.

En la actualidad las cosas parece que seguirán el rumbo de mayores dificultades: hay 1300 millones de personas viviendo con menos de un dólar diario, el 46% de la población mundial dispone de menos de dos dólares por día y apenas un 20% disfruta el 80% de las rentas mundiales. Es el crecimiento demográfico y la pauperización la que nos permite suponer que el “excedente” de población no podrá ir a lugares despoblados, es decir, no resultará como a principios del siglo XX, donde las migraciones correspondían a un movimiento de equilibrio entre excedentes y escasez de población. En el siglo XXI, las migraciones son síntomas del desequilibrio entre un mundo desarrollado y un mundo en desarrollo.

La globalización ha permitido mostrar las delicias que goza el primer mundo y hacer de este estilo de vida, un modelo para el mundo que contempla desde una pantalla de televisión.

Una mirada social y económica sobre la migración en nuestra región.

La migración a EUA tiene su principio desde que se conformó la frontera, pues ésta significó una limitación arbitraria. En la década de los 20?s se calculó que aproximadamente el 10% de la fuerza de trabajo mexicana laboraba fuera del país y en 1989 alrededor de cuatro o cinco millones. Actualmente “22 millones de personas de origen mexicano viven oficialmente en los Estados Unidos. De estos 8.5 millones de personas son nacidas en México. En California, la gente de origen mexicano nacida en los EUA y en México representan oficialmente 31.8% de la población, de modo que California es el primer estado de la Unión Americana donde las “minorías étnicas” se están convirtiendo en mayoría.” El Consejo Nacional de Población (CONAPO), revela que en el 2000 cerca de 3 millones de migrantes mexicanos son indocumentados.

Los migrantes centroamericanos, a partir de los años ochenta, han crecido en EUA, hasta pasar a más de un millón. El Salvador fue el país que más contribuyó al incremento y recientemente aumentó la emigración desde Guatemala y Honduras. Entre ellos se han registrado cambios en la composición de la población migrante, ya no sólo se van los braceros y campesinos, sino gente de todos los sectores; y ha habido un significativo aumento de mujeres migrantes.

Por otro lado, “nos hemos acostumbrado con demasiada facilidad a echarle la culpa a los vecinos, a acusarlos de racistas, explotadores y demás. Pero es hora de reconocer que detrás de esa retórica, de aparente defensa del trabajador migrante en el extranjero se ha escondido y se ha minimizado lo que pasa en este lado de la frontera” . México ha servido de filtro de centroamericanos que se dirigen a EUA; desde el 2005, se han registrado un cuarto de millón de deportados por año.

En México poco o nada se ha avanzado en reconocer los derechos de los migrantes centroamericanos, quienes a su paso por nuestro país descubren la cara más cruel y despiadada de los mexicanos. Ellos son víctima de todo tipo de maltratos, desde la persecución, el robo, la prostitución para las mujeres, violaciones, asesinatos y recientemente hasta secuestros. No hay aquí la menor intención de reconocerles los derechos laborales o electorales, menos aún de dar una amnistia o dejar de tratarlos como criminales.

Por otra parte en los EUA ha aumentado la demanda de mano de obra, “polarizada” entre aquella que busca niveles de alta calificación y la que requiere de trabajadores con escaso entrenamiento, disponible para empleos temporales de alta rotación, sin protección laboral, los cuales no son atractivos para la población nativa.

Teniendo en cuenta los dos flujos, diremos que los atentados del 11 de septiembre han puesto en riesgo los avances migratorios que hubo en los noventas, fruto de los convenios entre múltiples países con los Estados Unidos. También se han restringido las posibilidades de ingreso y empleo en el país del norte para los inmigrantes.

Las consecuencias de lo que hemos visto, los académicos la llaman “crisis migratoria” o “gobernabilidad migratoria” y la atribuyen a la imposibilidad para gobernar las migraciones desde perspectivas unilaterales; es decir, el país que recibe impone las condiciones, candados y trabas para ingresar al país. Esta política unilateral, que es del gusto de las naciones poderosas, resulta peor que si hubiera una respuesta de diálogo y reconocimiento a la magnitud del problema por: aumento de la irregularidad migratoria, incremento de las situaciones de xenofobia y discriminación, y aumento del “negocio de las migraciones”: tráfico de personas, corrupción administrativa gubernamental.

Ante estas situaciones las migraciones surgen como el síntoma del desorden . El extranjero es utilizado como “el chivo expiatorio”, donde se encuentra el último reducto del prejuicio. Dentro de esta lógica, los migrantes explican los problemas internos que la sociedad no puede resolver.

 

1.-Cf. L. MARMORA, Las politicas de migraciones internacionales . Paidós, Buenos Aires, 2002. p. 23.

2.-Citado en MARMORA L. Id., p.73.

3.-M. DE CERTEAU, La toma de la palabra . UIA-ITESO, Mexico 1995. p. 179.

4.-Cf. HERRERA CARASSOU, R. La perspectiva teórica en el estudio de las migraciones . Siglo veintiuno editores, Mexico 2006. pp. 19-35.

5.-J. DURAND, (Coord.) Les llueve sobre mojado . ITESO, Mexico, 1991. pp. 7-16.

6.-DENMAN C., MONK J. Y OJEDA N. (Editoras). Compartiendo historias de fronteras . El Colegio de Sonora, Hermosillo, 2004. P. 81.

7.-DURAND, op. cit ., p. 14

 

Por: Fernando Ríos Martínez, S.J.

Comite de Derechos Humanos de Tabasco

Septiembre de 2008

 

 

Septiembre 2008