IV. Conclusiones
La solidaridad pudo más que la desgracia. Durante todo el año de inundaciones el pueblo tabasqueño se mantuvo atento en ayudar a sus hermanos en desgracia; durante los días más difíciles muchas casas se hicieron albergues fortuitos para los refugiados. Las familias se juntaron y recibieron también ahí a sus vecinos y amigos. La solidaridad no ha sido un acto aislado, mientras las casas se hacían albergues, los brazos se unían para formar barreras contra el río; la ayuda generosa de muchos rincones del país y del extranjero hicieron menos amargo este momento, e incluso después cuando se sintió el hambre y las enfermedades. Los 33 mil millones perdidos y los cientos de miles de damnificados sólo pueden hacer contrapeso en la misma balanza con la solidaridad.
La gente ofreció constantemente sus conocimientos, mano de obra y disposición. Es sólo esta fe, que se manifiesta en servir, en la que se palpa que juntos podemos trabajar, la que sacó adelante al estado tabasqueño herido en lo económico, pero también en lo afectivo; las familias al saberse confiadas en contar con el vecino y los suyos, han podido vencer las batallas internas al experimentar seguridad. Pero también saben que otras batallas están por venir.
Del edén al sufrimiento
Los chocos saben que pertenecen al edén, pero también han experimentado la tristeza y la desolación. Sus selvas tanto tiempo arrancadas y tanto tiempo luchando por mantenerse vivas, son expresión de su riqueza; por si fuera poco, hay petróleo, gas y mucha agua. Tanta riqueza junta, forma un todo con el estado de Chiapas. De allá viene el agua y ahí hay también mucha riqueza, por lo tanto tienen un futuro común. Si llueve mucho en las montañas y si no hay árboles que detengan el enorme caudal, el agua vendrá con tanta fuerza, que nada ni nadie la parará. Los proyectos neoliberales pretenden apropiarse de las riquezas de tabasco, para eso está el antiguo Plan Puebla Panamá y el nuevo Plan Mesoamericano; es por eso que hay en toda la región esfuerzos considerables por hacer rentable al capital privado, la explotación de la energía e instalar la infraestructura necesaria que permita el rápido tránsito de las materias primas. El edén ha dejado de serlo por la rapacidad del capital; es PEMEX que contamina, la CFE que deja en estado de indefensión a Tabasco por la subutilización de las presas, son las empresas subsidiarias que explotan a los trabajadores y realizan obras peligrosas para la población y es el gobierno cómplice de todas estas fechorías.
Así como la inundación sirvió para lavar la tierra contaminada por tanto abuso contra la naturaleza, también limpió la imagen de los políticos; por ejemplo Felipe Calderón y Andrés Granier, buscaron legitimarse con una buena campaña mediática, que los hizo aparecer como los mesías. En la sociedad mexicana, las políticas sociales ponen en movimiento la lógica de dominio: a cambio de una despensa y unos cuantos pesos, por eso los partidos políticos esperan admiración y respeto sin crítica. Los diversos apoyos al campo o a los pobres se condicionan, esperando la respuesta al padrino, que es estar disponible a su voluntad. Se trata de un ejercicio que se vale de todos los medios, por ejemplo el pacífico: te hago mi aliado, pero no protestas; te doy cuanto quiero, pero bajo ciertas condiciones. Doy despensas, pero en la Quinta Grijalva; doy bicicletas con la calidad que mi amigo me las venda; te doy láminas, pero firmas que también te entrego cemento... Durante y después de las inundaciones en Tabasco vivimos políticas paternalistas que intentaron hacer pasar al gobierno como bondadoso, cuando en realidad no cumplió con su trabajo.
La cultura política antidemocrática largamente cultivada por el sistema priísta en Tabasco, es una adversidad presente en la vida cotidiana y en tiempos de infortunio. Esta herencia dificulta la participación en la vida política y por tanto en la solución de los problemas de las comunidades.
El producto del cacicazgo es una sociedad temerosa a organizarse y exigir que sus derechos civiles y políticos le sean respetados. Y con más frecuencia, existe la tolerancia ante todo tipo de violaciones a los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales.
La ausencia de una cultura cívica es el mejor producto de lo más viejo y corrupto del PRI, que ha gobernado en Tabasco. A quienes se atreven a protestar las represiones son la respuesta, y como se documentaron las causas del desastre, se silenció a la gente con los vales de 10 mil pesos y a quienes hicieron manifestaciones porque no fueron beneficiados con ese apoyo, se les enviaron policías y garrotazos. Además, la constante actividad de los militares en las carreteras y ciudades y una mayor presencia de la Policía Federal Preventiva en la frontera Sur con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico, plantean mayor dureza y el recordatorio de que se usará la violencia a quien proteste con razón o sin ella.
Exigencia de seguridad y transparencia
Son estos datos e interpretaciones lo que nos permite considerar que las explicaciones dadas por el gobierno son tan erradas, como sus intenciones. Las“lluvias atípicas”, en realidad son y serán un fenómeno ante el cual tendremos que estar preparados; no podemos culpar a la naturaleza por nuestras desgracias. Por eso necesitamos exigir que las cuentas se transparenten, no podemos dejar nuestra seguridad a los gobiernos, que además de ser corruptos son ineficientes.
La corrupción aumenta la posibilidad de nuevas inundaciones. Por tanto, para luchar por la protección de Tabasco es necesario hacerlo desde la exigencia de la transparencia. Hemos visto que en tiempos de calamidad, hay quienes siempre salen beneficiados, y en buena parte porque no hay criterios que exijan la rendición de cuentas. Es muy curioso que por más investigaciones que se realicen, siempre hay absoluciones para políticos responsables; en cambio hay acusaciones reiteradas para quienes roban una televisión del supermercado o costales podridos; a estos sí se castiga con todo el peso de la ley. Justicia para los pobres ladrones e impunidad para los políticos y empresarios del engaño, para los ladrones de cuello blanco.
Son reiteradas las denuncias de irregularidades y por eso hicimos un recuento pormenorizado. La inundación también sacó a la luz la corrupción de los gobiernos anteriores que desviaron recursos que estaban destinados para el Programa Integral Contra Inundaciones, PICI. Hay además tres ejemplos particularmente importantes:
A menos de un mes de haber terminado el desastre de las inundaciones, se realizó el decomiso de 8 millones de pesos encontrados en una avioneta con rumbo a Mérida, que - se presume- pertenecen al Secretario de Finanzas del gobierno de Tabasco. Y unos días después los diputados del PRI aprobaron la postergación de la ley de transparencia, que debía estar en vigencia el mes de febrero del 2008. Dijeron que era para evitar la mediocridad, cuando precisamente esa mediocridad fue la que posibilitó una mayor corrupción. Cuando la ley era más necesaria, entonces fue que se decidió posponerla.
El 28 de septiembre del 2008 salió a la luz pública el Indice Coparmex del Uso de Recurso, que mide 7 indicadores en cada uno de los estados del país y lo revelador fue que Tabasco ocupa el último lugar en Cultura de la Transparencia y Rendición de Cuentas y Asignación de Recursos.
Los recursos que llegaron durante 2007, para ayudar a los damnificados, no podrán ser rastreados. Esta información se puede consultar en: http://www.icur.org.mx/.
Además nos preguntamos, qué sucedió durante un año, si nos prometieron que “costara lo que costara”, no volveríamos a inundarnos. El periódico Tabasco Hoy ponía en sus titulares el dos de octubre del 2008: “2 017 millones de pesos en obras, al agua. Los responsables son el Fonden y Conagua. Dejaron sin ser atendidos 11 puntos donde se presentaron deslaves. 3337 familias debieron ser reubicadas, pero sólo 437 casas fueron construidas para los damnificados. 160 km de bordos debieron ser reparados y rehabilitados, y sólo hubo un avance del 60% en su reconstrucción”.
Si esto es cierto, como parece, fuimos engañados nuevamente, ya sea por la ineficiencia y la corrupción. ¿Cómo es posible que el fraccionamiento Gracias México se inundara si fue construido para familias damnificadas del 2007, con aportaciones de fundaciones privadas? ¿No hubo supervisión del gobierno? Parece una obra macabra. Las obras no se concluyeron, otras no se realizaron y las que fueron ejecutadas, fueron mal proyectadas. Las acciones de los gobiernos federal y estatal para evitar nuevas inundaciones se han limitado a la simple elevación y “enchapopotamiento” de bordos, así como a la transferencia de caudales por el río Samaria. Es decir, el negocio de los costales continúa.
Ante las adversidades ¿qué podemos hacer? ¿cómo luchar?
En la historia del estado encontramos ejemplos de adaptación al medio ambiente que son admirables y muy inteligentes; si en Xochimilco había chinampas, acá eran comunes los cayucos y los tapancos. Este ejemplo, como otros, conforman la cultura del agua que posibilitó una mayor armonía entre el hombre y la naturaleza. Hay agravantes importantes que desconocen ese balance, pues la modernidad ha traído un pesado lastre en nuestra vida. Así que esas condiciones antes enumeradas, se suman a un fenómeno mundial: ahora las desgracias son mayores, por la simple razón de que somos más y estamos más concentrados en las ciudades. Por tanto, las condiciones ideales en el estado han desaparecido y no contamos más con la cultura del agua; pero, no por esto debemos abandonar la lucha para conservar elementos indispensables, como puede ser exigir el respeto a ciertas áreas inundables o el cuidado de áreas verdes que absorben más cantidad de agua.
Es pues en el plano de la cultura ambiental, técnica y ciudadana donde se encuentran las posibilidades de una mejor solución. Apuntamos aquí algunos elementos:
Tener acceso a la información de los planes, programas, acciones de gobierno para evitar inundaciones y exigir la rendición de cuentas. Por ejemplo, ¿cuáles son los planes para la emergencia?, ¿en qué consiste el Plan Hídrico Integral? Cuesta admitir muchos de los gastos ejecutados, desde el cartel sencillo que anuncia que por la restauración del bordo se gastaron tres millones y medio, realizado en unos cuantos días o el informe de lo ejecutado en un año. Exigimos la información, pues queremos que nos traten como adultos. Por esa carencia, los rumores proliferan como los que provocaron la ausencia oficial de muertos por las inundaciones, muchos de los cuales tuvieron su origen en comentarios nada fortuitos de Protección Civil, en donde, después de que pasan las desgracias, pareciera que los funcionarios estaban mirando y diagnosticando una realidad distinta a la que vivieron los pobladores de Tabasco.
Tenemos que decirle NO, a una cultura represiva: la criminalización de la protesta social por parte del gobierno de Andrés Granier, se dio desde el inicio de su ejercicio en el poder. En plena contingencia de la inundación de 2007, se dieron represiones contra ciudadanos que protestaban por el maltrato recibido o por la falta de atención a sus demandas. El derecho de la protesta busca denunciar públicamente a la autoridad, cuando recurrir a las instancias oficiales ha sido inútil y el problema continúa; en otras ocasiones los responsables de realizar el daño se encuentran bajo el manto de la impunidad.
Rehacer el tejido social ante la pérdida de confianza de los tabasqueños es obligado, hay que realizar un esfuerzo considerable para afirmar con certidumbre que “Tabasco es el mejor lugar para vivir”. Es necesario replantear la relación entre el gobierno y los campesinos para buscar las políticas públicas creadoras de lazos comunitarios que recompongan el tejido social. Algunas de estas políticas tendrían que ver con tomar en cuenta el aporte de las comunidades, la gente tiene mucho que enseñar a quienes gobiernan y podrán crear nuevas estrategias que permitan ir en búsqueda del edén perdido.
Nuestro aporte


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