ANÁLISIS COYUNTURAL
Análisis coyuntural |
¿Qué les parece? Ahora se inundó la Chontalpa
Escrito por Jorge Priego Martínez
viernes, 13 de noviembre de 2009
Parece juego del duende o del demonio, o pareciera que estuviéramos hecho daño, como estila decir nuestra gente que cree en brujerías, pero lo que nos ha sucedido en el último trienio, nos lleva a pensar en estas cosas, pues como bien sabemos, hace un par de años se inundó la ciudad de Villahermosa y gran parte del municipio de Centro en forma por demás inusitada, el año pasado se sufrieron grandes inundaciones en la Región de los Ríos y este año, se anegó como nunca, gran parte de la Chontalpa. Será el sereno, como se dice coloquialmente, pero no estaría del todo mal y se nos antoja necesario, que todos los tabasqueños nos demos unos buenos baños de tulipán rojo cada viernes del año, para ver si alejamos de nosotros la mala sombra que nos ha cubierto, las malas vibras que no se disiparon ni con la rociada de porquerías que los descastados miembros de la secta de moda le dieron a las piezas olmecas. Así como se sahúma contra el dengue, ¿no sería bueno sahumar todo el territorio estatal con estoraque y otros inciensos que alejen de aquí, de una vez por todas, esa mala suerte que nos persigue en últimas fechas? No estaría de más eso, repetimos, no le haría daño a nadie, y quién quita nos retirara la sal que no hemos podido sacudirnos.
Decimos lo anterior, porque no hemos recibido ni una sola explicación sobre el origen de estas crecientes tan fuera de serie, tan devastadoras. Por supuesto que no ha sido la luna de octubre como dijera el perínclito inquilino de Los Pinos, sino que, al decir de los tabasqueños pensantes, para ello se han sumado multitud de circunstancias que, de haberse prevenido, nunca hubiésemos sufrido ni seguiríamos sufriendo tales consecuencias de la ineptitud, el valemadrismo y la rapacidad que, sin duda han sido las verdaderas causas de las tragedias tabasqueñas.
Desde 1935 se planteó la necesidad de implementar una serie de obras hidráulicas para evitar las catastróficas inundaciones anuales que se presentaban en nuestro estado, planteamiento que durmió el sueño de los justos por más de un cuarto de siglo. La construcción de la presa Nezahualcóyotl, Raudales o Mal Paso, fue un alivio que evitó en un alto porcentaje las inundaciones de la planicie tabasqueña y como desde 1952 la ciudad de Villahermosa no había sufrido el embate de las crecientes a través del Grijalva, todo el mundo se olvidó de gestionar la continuación de obras hidráulicas necesarísimas en la entidad, como el dragado de los ríos y principalmente de la barra de Frontera, por donde desembocan al mar casi una decena de ríos e incontables arroyos.
La falta de terrenos altos que propiciaran el crecimiento acelerado de nuestra ciudad capital, trajo como consecuencia el relleno desaprensivo e inconsciente de una gran serie de lagunas que constituían los vasos reguladores que acumulaban millones de metros cúbicos de agua evitando que ésta cubriera las partes bajas de la ciudad; es decir, el negocio de algunos vivales alcahueteados por gobiernos corruptos, se impuso al bien general. Los terrenos sumamente bajos que resultaron del relleno indiscriminado de lagunas y popalerías, originaron las colonias y fraccionamientos que anualmente se anegan, donde mucha gente deseosa de adquirir una casa habitación como parte de su patrimonio familiar, resultó canallescamente defraudada al vendérsele un inmueble sujeto a constantes y desastrosas inundaciones. Y ni a quién quejarse, ni a quién cargársele responsabilidades, porque como dijera el Monje Loco, ¡Nadie sabe, nadie supo!
Todo son rumores: que no sé quién es el que hace negocios con el relleno de vasos reguladores; que no se invirtió debidamente el total de lo presupuestado para el tan cacareado Plan integral contra las inundaciones, mejor conocido como PICI, que el mal manejo de la presas ha contribuido a que sus desfogues nos aneguen, pero nadie, de quienes debieran hacerlo, dice esta boca es mía y no le pone nombres y apellidos a quienes desde la sombra y sotto voce se acusan como presuntos culpables.
En lo relativo al manejo de las presas, no dudamos que quien se encarga de ello sea un personal altamente capacitado y competente, pero que desafortunadamente no actúa en forma autónoma sino está supeditado a las órdenes de personas que radican en la capital del país y que desconocen completamente la problemática que genera el manejo indebido de estos embalses. Han dicho con insistencia críticos del gobierno federal actual, sin que los desmientan en forma fehaciente, que la causa del mal manejo de las presas se debe al hecho de que dejan de generar energía eléctrica para que ésta le sea adquirida a compañías privadas extranjeras y al no moverse las turbinas durante largos periodos, no se desfogan las presas, esperando a que estén casi al máximo para que ordenen que se haga y esto sucede en el otoño, lo que coincide con las lluvias torrenciales que azotan a Tabasco que propician que nuestros ríos y lagunas se hinchen de agua, recibiendo de contra la que les envía el desfogue de las presas, que ya no soportan la misma capacidad de embalse que antes, porque deben estar, como nuestros ríos, azolvadas por el constante acarreo de materiales de las corrientes fluviales que las alimentan. ¿Resultado? Sólo encharcamientos, nada más que de varios kilómetros de diámetro y de uno a dos metros de profundidad.
La rumorología sólo nos llena la cabeza de humo, nada más nos hace creer cosas que tal vez no sean ciertas, y como estamos acostumbrados a recibir informaciones parciales o facciosas que se encuentran fuera de la realidad, pues ya no le creemos ni el bendito a nadie; y es que así como al grueso de la población, a veces también a nuestros gobernantes se les entrega información poco seria o maquillada, por ello resulta urgente que se lleve a cabo una serie de mesas redondas en las que participen los funcionarios de la Comisión Nacional del Agua que siempre nos presentan cuentas alegres, los técnicos de la UNAM que continuamente de esta forma se mencionan pero sin dar nombres ni presentar la cara y los técnicos tabasqueños o avecindados en Tabasco que lo aman como nosotros, para que pregunten y repregunten a quienes sólo pontifican sin que nadie pueda interrumpirlos, interrogarlos extensamente y exigirles que aclaren los sofismas con que muchas veces nos recetan. Estas mesas redondas deberán ser televisadas y radiadas para que todos los tabasqueños nos enteremos de lo que en ellas se diga, que seguramente va a ser más cierto que lo que hasta el día de hoy hemos escuchado. Ya veríamos en ellas al señor Luege y amigos que lo acompañen respondiendo de frente, los desmentidos que le receten los chocos que bastante saben de estos asuntos.
Pero lo más seguro es que nada de eso ocurra y continuemos recibiendo nuestras dosis anuales de atolito con el dedo y oyendo que se culpa, no sólo a la luna de octubre, al cambio climático, al niño o a la niña o a la grandiosa esa, de las inundaciones que nos roban la tranquilidad y nuestros escasos bienes, como ahora le tocó a nuestros hermanos de Cárdenas y Huimanguillo, quienes pueden echarle la culpa de ello a los brujos de San Carlos, que según dicen las malas lenguas, son perredistas de hueso colorado.
